El problema de querer estar triste es que en Latinoamérica te obligan a bailar y también se baila mientras se llora, un San Juanito por ejemplo me permite saltar sobre la tierra como el fontanero Mario Bross, saltar enojado y darle patadas y luego echarme un grind o serrucho sobre ella, pero sin perder el ritmo descompasado con lo que está pasando en el resto del planeta.